¿Cuánto tiempo necesitamos para darnos cuenta de lo que hemos venido a SER? ¿sabemos quiénes somos o gran parte de lo que somos? ¿cuál es el camino de nuestra alma? ¿lo estamos recorriendo ya?
Si ya sabes las respuestas, te invito a no seguir leyendo, si por el contrario no las sabes, por lo menos en la mayor parte de las preguntas… no pasa nada, siempre estamos a tiempo de reconducir nuestras vidas hacia la plenitud de aquello que nos habita en lo más profundo de nuestro corazón.
Empecemos ya a revolucionar nuestro interior, ¿a qué estamos esperando? ¿a seguir sufriendo más y cada vez con más intensidad? ¿a seguir ignorando las voces internas para seguir viviendo la vida que quieren otros para ti? Yo me dije en su momento y me digo ahora sin pestañear, ¡BASTA YA!
Puedes seguir cómo estás, sobreviviendo, hasta que la vida te grite tan fuerte y tengas que rendirte y cambiar tu rumbo porque ya no tienes más remedio… o puedes empezar ya a autoconocerte y seguir a tu corazón con fe ciega, confiando en que más allá de nuestras responsabilidades, existe un plan divino, un plan del universo o como lo quieras llamar que vela por nosotros en cada momento. Comprendiendo que ya al nacer somos seres abundantes, que fuimos nosotros quien elegimos la escasez y es cuestión de volver a elegir nuestra naturaleza divina, que siempre vive con nosotros. Menuda liberación al comprender que no estás solo, que tus guías te asisten y te empujan a ser aquello que tu alma anhela desde hace tiempo. Y podrás no creer en ello, siendo muy legítimo, pero sin querer convencer a nadie, sólo desde mi experiencia, os puedo afirmar que creer es crear, co-creas tu propia realidad. La física cuántica también postula en este sentido, cuando todas las posibilidades existen a la vez, solo se manifiesta aquella donde pones el foco y la intención. Y claro que nos da mucho miedo lanzarnos al vacío con una mano delante y otra detrás, pero, ¿qué razones tan magnificentes tienes para no hacerlo? En tu lecho de muerte, ¿crees que no te arrepentirías?
En mi caso, me rendí en un momento de mi vida en el que el sufrimiento silencioso de mis entrañas necesitaba ser escuchado. Necesitaba soltar un grito y una pregunta en genuflexión, ¿y ahora qué más puede pasar? Os vais a ver sorprendidos cómo al rendirte… se revela una fuerza indescriptible, una inteligencia, dios, el ave fénix o lo que sea. Algo sucede que te hace trascender a otro estado alquímico mucho más fuerte. Y es justo en ese momento que empiezas por envalentonarte y atreverte a mover ficha, a encarar a la reina aún sabiendo que el ejército de los peones, alfiles, torres y caballos están en contra tuya. Porque suele pasar que tu entorno más cercano te tachará de loco, temeroso y un largo simposio de creencias limitantes en las que intentaran alienarte para que te quedes en tu zona de confort. Pero la estrategia es clara, aún a pesar del enviste, si te mantienes fuerte ignorando su proyección conformista y te empoderas con convicción y confianza sabiendo que, ganar la partida de tu alma, está en tus manos… Entonces el cambio será apoteósico.
¿Os preguntaréis ahora que cómo he transitado mi camino de transformación? ¡Pues haciendo algo muy sencillo que no nos han explicado en el colegio, SER! Se trata de ser nosotros mismos tal cual, sin máscaras. ¿Es malo inspirarse en alguien abundante y exitoso? Para nada, siempre y cuando desde tu autoconocimiento apliques tu sello personal.
Comenzaré relatando que la clave para ser es sencillamente no hacer nada ; nada que suponga querer mejorar algo que ya se tiene. Nos pasamos la vida siendo durísimos con nosotros mismos, hemos mamado en nuestro entorno familiar, en la escuela y en la vida laboral la competitividad, pero nos hemos olvidado de nuestro ser auténtico, que es amor, compasión, bondad, alegría, quietud… No hemos indagado en nuestro valor, en nuestros talentos, en nuestras pasiones, en definitiva, en lo que hemos venido a ser en esta vida. ¿Si realmente supieras a qué has venido a este mundo, de verdad crees que tendrías que competir? Permíteme decirte que imagines otras posibilidades donde tu pasión te lleve a horizontes jamás soñados y no sólo no estés compitiendo para ser el mejor sino que estés disfrutando y ayudando a otros a sentirse plenos de gozo por ser ellos mismos. La mejor versión de ti mismo si, pero no mejor que nadie. Bendita la humildad tan preciada a día de hoy. Bendita la incertidumbre y bendita la inseguridad de no querer controlar nada con la mente.
Por último, a nivel práctico, os invito a hacer unos ejercicios que a mí personalmente me ayudaron en esta “ruta 66” del autoconocimiento. Sería conducir con tu Harley Davidson (tu corazón) las diferentes carreteras (dones y valores) que pueden resonar contigo, al ritmo de música Rock & Roll (tus pasiones).
Te pongo varios ejemplos a modo de inspirarte a crear los tuyos o verte reflejado en alguno de los siguientes:
Dones:
- Escribir, enseñar a los demás, cuidar de otras personas, actuar, conectar con los demás, diseñar cosas, investigar, resolver problemas, hablar bien, innovar, hacer reír, alegrar los corazones, ayudar a los demás, inspirar a los demás, negociar, romper moldes, crear equipos, superarse a sí mismo, vender, conseguir que las cosas se hagan, construir cosas físicas, definir procesos y métodos, serenar los ánimos…
Valores:
- Aceptación, alegría, amistad, amor, aventura, aprendizaje, autenticidad, coraje, compasión, confianza, compromiso, comunicación, cooperación, creatividad, crecimiento personal, disciplina, diversión, eficiencia, equilibrio, excelencia, éxito, familia, fe, honestidad, humildad, humor, independencia, iniciativa, intimidad, intuición, justicia, lealtad, pasión, paz, empoderamiento, reconocimiento respeto, responsabilidad, sabiduría, salud, servicio, superación, unicidad, vocación….
¿Ya los tienes? Espero que sí y que hayas resonado con al menos un valor y un don. Una vez que los hayas sentido tuyos, te propongo, si te ves con ganas, que te hagas estas preguntas con cada valor y don, contestando con toda la sinceridad posible:
- Poner grado de satisfacción del valor y don en cuestión del 0 al 10 y a continuación preguntarle… ¿qué me está aportando? ¿Qué hago para cultivarlo? ¿de qué tentación me está apartando? ¿qué estoy dispuesto a sacrificar por él?



