PRÁCTICA COMPARTIDA

¿ Qué ha significado para mí la práctica compartida en presencia en quietud ?

Para mí ha significado una liberación del tamaño del cielo. Una expansión y apertura de mi corazón tremendamente explosiva. He comprendido que venda me tapaba los ojos y cómo la mampara de mi corazón se abría de par en par, por fin, después de mucho años atrás cerrada (experimenté esta imagen tal cual). También poco a poco en las sesiones se iban desquebrajando mis máscaras, mis miedos, como iba siendo cada vez más YO en ESENCIA, más espontáneo, más risueño, más bromista, más alegre, más compasivo, más amoroso; en definitiva, más auténtico. Descubres como tu propia luz de estrella va encandilando a todo lo que acontece, como nuestra chispa divina se entrelaza y se vuelve una, el grupo es uno. Tanto es así que hicimos un ejercicio de mirarnos a los ojos uno en frente del otro, entonces lo que ocurría es que te veías reflejado en el otro, y ahí veías realmente lo bello y perfecto que eres. No hay nada más que hacer, eres tú elevado a la enésima potencia de tranquilidad, paz y felicidad por haberte encontrado y haber coincidido con un grupo de almas que se vuelven familia por unos días y en otros casos… para toda la vida.

Se te revela que el amor lo engloba todo y tú eres todo. Solo puedo estar muy agradecido a este trabajo, a los facilitadores, a Mike Boxhall y en definitiva a la VIDA.

¿ Cómo lo vives en tu día a día ?

El cambio es continuo, dinámico, fluctuante en intensidad. Lo vivo permitiéndome y siendo cada vez más consciente de quien soy en cada instante. Si elijo la presencia y la quietud o elijo la identificación con mi ego. Soy sincero conmigo mismo, estoy más veces fuera del presente y de mi cuerpo que con él. Pero hay un gran matiz que supuso este trabajo en mi vida; y es que soy mucho más consciente de cuando no estoy conmigo o en mi centro. Por ende, puedo volver a mi centro, a voluntad, en seguida que me doy cuenta, sin culparme. Es una bendición que ha cambiado mi vida por completo, así como mi relación conmigo y con los demás. Ya no me quedo anclado o enganchado a las emociones o casi nunca; y tampoco les dejo que se queden bloqueadas en algún rincón de mi cuerpo, porque ya no tengo miedo a reconocerlas y sentirlas con todas mis entrañas. De hecho estoy muy agradecido por tener la suerte de poder sentirlas, sean buenas o malas; y que se expandan por mi cuerpo para después soltarlas. Intentando ser normal día a día sin reaccionar demasiado a éstas. Yéndome para dentro mayormente. Priorizando en mi paz y escucha interior.

¿Cómo es la práctica compartida para Mike Boxhall y otros?

Se nos invita a entrar en un mundo dinámico de la experiencia directa de una manera relajada, abierta y hábil. A través de nuestra propia presencia, a través de la vitalidad inmediata de la conciencia que sustenta y revela toda nuestra experiencia. Es posible que esto suene misterioso, pero podemos hallar el acceso a nuestra presencia eternamente libre a través de nuestro ser ordinario, de nuestros límites y preocupaciones. No tenemos que hacer nada nuevo o inusual, simplemente prestarnos atención a nosotros mismos, a las experiencias de nuestras vidas. Una presencia que tú ya tienes. Tenemos que abrirnos a lo que está delante de nosotros y después simplemente estar con ello el tiempo suficiente para poder recibir lo que hay allí. Menos lucha, más facilidad y, a medida que nuestros esfuerzos y nuestras preocupaciones desaparecen, volveremos allí donde siempre hemos estado.“ James Low”.

Descubrí que la división cartesiana entre mente y cuerpo (tal como yo entiendo a Descartes) solo cobra importancia y es válida desde el punto de vista de un intelecto ya divido o descarnado. La práctica compartida es una exploración de la encarnación del Espíritu y del hecho de que, entre la miríada de expresiones del Espíritu al tomar forma, está esta que yo elijo llamar YO.

No siento ninguna responsabilidad por el proceso de otros, y que confío en que una exploración hecha en voz alta por una persona normal puede ayudar a otras a valorar su normalidad y, ciertamente, su relevancia.

Tengo la esperanza de que este trabajo nos lleve a liberarnos de la debilidad que conllevan los hábitos no reconocidos.

 

¡Solo si nos liberamos de esas cadenas podemos ser verdaderamente útiles!

Puede haber momentos en los que nos rendimos a ser conscientes, en lugar de limitarnos a reaccionar a lo que está ocurriendo; momentos en los que nos damos cuenta de que nos hemos visto llevados hacia el apego a algún pensamiento o sentimiento, sea de agonía o de éxtasis. Entonces simplemente notamos eso y nos convertimos en testigos de ello, en lugar de castigarnos por habernos desviado del camino. Esta tendencia a castigarnos cuando no somos perfectos es precisamente el tipo de energía que nos mantiene atrapados en la reactividad y la insatisfacción.

De vez en cuando, una vez que hemos entrado en algún camino conceptual hacia la totalidad, experimentamos la sensación encarnada de la completa presencia, quietud y libertad. No hemos conseguido esto en el sentido de desarrollar una habilidad. Ya es algo inherente. Simplemente hemos dejado de poner obstáculos y ello permite la revelación de lo que en realidad es la fuente de nuestro ser. Simplemente algo se presenta y nos saca fuera de este filo de la navaja del ser equilibrado, y entonces volvemos a apegarnos y a correr en la rueda como un hámster. Este es el sentido de la práctica, de que haya una comunidad de personas en caminos afines. Distintas personas, con diferentes experiencias de vida, resuenan con distintos modos de expresión. Es de esperar que haya algún momento de “ajá”, de verdadero reconocimiento y que algo haga “clic”… La enseñanza es básicamente un proceso de grupo, tal vez una revelación. A menudo he comparado este trabajo con la preparación de un estofado invernal en el que el sabor y el valor nutritivo dependen en gran medida de la naturaleza y calidad de lo que pongamos en él.

A medida que aumenta la confianza en la energía grupal, hasta los miembros más tímidos se sienten capaces de convertirse en buenos cocineros.

El propósito de los grupos es explorar la espiritualidad en una experiencia encarnada; con la comprensión de que el Espíritu no está en ninguna otra parte: no es algo que tenga que ser alcanzado, sino, más bien, es la esencia de cada uno de nosotros aquí y ahora. El aprendizaje viene, en gran medida, de las experiencias del alumno. La gente oye sus propias historias y las de otros, a veces con considerable asombro. A menudo las personas escuchan y asumen por primera vez su propia historia de vida y, después de escuchar, son capaces de curarse a sí mismos al reconocer plenamente, y después soltar, el trauma debilitante que ellas mismas están perpetuando. La enseñanza, como hemos sugerido, es perenne, y toma la forma apropiada en distintos momentos, lugares y culturas.

La gente viene a estas reuniones por todo tipo de razones. Sospecho que hay un núcleo común que tiene que ver con la búsqueda de significado, en lugar de buscar la simple gratificación de algo nebulosamente llamado “mejoramiento personal”. El terreno común que sugiero no siempre es evidente y pueden hacer falta días, semanas e incluso años para que surja a la superficie y pueda ser articulado.

Al principio, a algunas personas les resulta difícil conseguir la concentración necesaria para mantenerse presentes cuando se trata de compartir con el grupo. Es muy fácil acusar mentalmente a alguien de “extenderse demasiado”. Pero gradualmente se va entendiendo que lo que se oye no es exclusivamente la historia personal de un individuo concreto, sino también la historia del ser humano; y entonces se desarrolla una conciencia potente: el reconocimiento de que la historia de ese hombre o mujer también es mi historia. Poco a poco me voy adueñando de una visión expandida de quién soy, ¡y eso nunca es aburrido!
No es necesario que el facilitador del curso comente estas historias más allá de una interpretación ocasional en un lenguaje sencillo. Lo único que se necesita es que él o ella sean un espejo limpio. El poder de este trabajo no reside en la erudición del profesor, sino en la sinergia del grupo. Verdaderamente, el trabajo hace el trabajo. Me gusta hablar de que está actuando la Inteligencia más que el intelecto.

Cada estudiante aporta su experiencia de vida. Esa experiencia es valorada, incluso cuando es incómoda, y desde ese reconocimiento del valor surge la capacidad de digerir y de seguir adelante. Entonces el trabajo guarda relación con desarrollar una forma de práctica que funciones y que, en el mejor de los casos, conduzca a la transformación de las inseguridades en el oro de los alquimistas, no en el oro de los locos, marcado por la adquisición y la avaricia.

Más que nunca parece esencial poner los tres ingredientes en su sitio: en primer lugar, el anhelo de cambiar; en segundo término, un profesor que no dependa de las alabanzas de los alumnos para su propia satisfacción y tercero, un grupo o comunidad de buscadores, tal vez sin nada más en común para compartir el viaje que la enseñanza.
Lo que más me gusta de este trabajo es ver a la gente cambiar, transformarse por medio de sus propios viajes, y no por decirles cómo deberían ser. Lo primero es verdadero fortalecimiento; el consejo debilita, por más bondadosamente que se ofrezca.

No estamos aprendiendo una terapia, sino modificando y expandiendo nuestra aproximación a la vida a través de la expansión de la conciencia de su fuente, justo en el corazón de quienes somos. No hay éxito ni fracaso, no hay copas de plata ni premios, solo hay una expansión de la conciencia. El premio, y tal vez la sorpresa, consiste en descubrir con claridad quién eres realmente, y eso no tiene precio. Sobrepasa el entendimiento.

 

"la enseñanza y no el profesor”

Mike Boxhall

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